Historias

Ana María Martínez lo perdió todo. Luego de vivir la experiencia traumática más terrible de su vida, Ana María lo perdió todo. Semanas en cama, visitas al psiquiatra, pensamientos suicidas.

La vida de Roxana y su marido era una vida común. Entre los cuidados del campo y los estudios de sus dos hijos, pasaban sus días. Vivían en la casa de sus suegros; casa patronal con más de cien años de historia.

En Los Ríos, las reivindicaciones del Pueblo Mapuche no eran habituales. Los ataques incendiarios o los panfletos reivindicatorios, tampoco. Menos en las cercanías del Lago Riñihue, una zona tranquila y apacible.

A fines de agosto, fue detenido el líder de la CAM, Héctor Llaitul. Tras una operación sigilosa, el Ministerio Público logró llevar a cabo una operación que acaparó todas las portadas del país.

Vivía con Benjamín Bustos hace dos años, casi. El último cumpleaños de ella, el 17 de febrero lo pasaron juntos y el 20 de ese mes, lo mataron.

Yasna Navarrete mira fijamente a la cámara. Tiene un mensaje claro para dar. Pareciera que lo ha estudiado, pero no. Ella vive a diario la violencia y ha sido testigo del cambio de estrategia, como le llama.

La vida de Lissette no cambió desde la muerte de su padre, sino un poco antes. Su mamá, de 65 años, comenzó a tener crisis nerviosas cuando sufrían atentados en el campo que poseían.

El día que Juan Navarrete citó a sus trabajadores un día domingo, pensó que no llegarían. El frío, la pandemia y el día lo hizo suponer que estaría solo. Pero no. Todos llegaron y lo escucharon atentamente.

Hugo Redel ha sido agricultor por más de 40 años de manera ininterrumpida. Hasta ahora. A sus casi 75 años, tuvo que dejar la actividad a cargo de su hija por primera vez.

Los camiones han sido su pasión durante años, desde que veía a su padre trabajando con alegría. Pero Mauro Aguilar, desde que recibió el balazo en su cara, tiene miedo.

“Cuando me confirmaron se nos vino el mundo abajo. Cinco disparos a corta distancia. Tórax, espalda, brazos. Muy cruel. Solo estaban acompañando a los brigadistas..."

Carmen Roa muestra la última foto de su marido, Héctor Gallardo Aillapán y respira. Pareciera ser que aún no lo asimila. Han pasado 10 años.

“Esa mañana fue extraña. Tuve un mal sueño, pero no se lo dije. Sonó la alarma y él recibió una llamada. Me dio un beso en la frente y me dijo tranquila, amor. A mí no me entran balas”.