La vigilia del miedo

La vigilia del miedo

“Soy oriunda de la comuna de Traiguén y por situaciones de familia, mi esposo es agricultor, nos fuimos a vivir en un predio en el camino al interior. Todo era paz, tranquilidad…, limito con una comunidad muy linda de gente trabajadora y el 2016 comenzaron los conflictos, pues el territorio también limita con una forestal”, dice una mujer que prefiere mantener su nombre en reserva por temor a las represalias.

El sitio donde vive con su marido fue denominado “territorio en recuperación” por los violentistas.

Por lo tanto, recibe constantes ataques, robo de madera y de animales.

“Ha sido un tiempo difícil. Mi familia se fracturó por esto y el año 2019 fue lo más traumático. Llegó mucha gente al predio, intentaron quemar la cerca, lo consiguieron, y nos llevaron más de 50 animales vacunos que era el trabajo que mi esposo realizaba. No solo es la pérdida material. Esto nos trajo miles de problemas. Mi esposo tuvo un infarto, empezamos a tener problemas, crisis de pánico”, cuenta.

Ella ya no permite que sus hijos vayan a verlos al campo y día a día escucha disparos desde su casa.

Para ir a la ciudad, debe manejar por rutas internas por lo que no existe resguardo alguno.

“A nosotros nos cambió nuestra vida. A las 18 de la tarde comienza la vigilia. Nos dividimos los dos de seis a doce.  Mi esposo está con medicamentos, por lo tanto, yo duermo -generalmente- de las tres de la tarde a las seis de la tarde y a las seis de la tarde no paro hasta las nueve de la mañana cuidando. Pero cuando yo hablo de fractura es porque esta gente mala, este abandono del Estado, se llevó a mi esposo. Mi esposo era un hombre vital, enérgico, muy trabajador”, solloza.