Ingrid Manríquez

“Mi hijo no merecía morir así”

Ingrid Manríquez: “Mi hijo no merecía morir así”.

“Cuando me confirmaron se nos vino el mundo abajo. Cinco disparos a corta distancia. Tórax, espalda, brazos. Muy cruel. Solo estaban acompañando a los brigadistas. No entiendo la forma. Mi hijo era un buen muchacho, no merecía morir así”, dice Ingrid Manríquez, casada hace con Juan y madre de 3 hijos. Benjamín era el mayor.

A dos meses de los 23 y en cumplimiento de sus funciones como patrullero forestal, Benjamín Bustos, fue herido de muerte en la comuna de Carahue. Su compañero de labores, Alejandro Carrasco (30), corrió la misma suerte.

Sus cuerpos fueron hallados en la camioneta en la que acompañaban a un grupo de brigadistas forestales que combatían un incendio. Ni siquiera alcanzaron a oponer resistencia, según los antecedentes policiales.

Esa madrugada del 20 de febrero pasado, en que fueron hallados, la familia Bustos Manríquez aún no tenía noticias certeras sobre el paradero de su hijo. Su teléfono sonaba apagado. Solo había rumores. Ingrid supo que había perdido para siempre a Benjamín cuando se lo entregaron en el Servicio Médico Legal.

Benjamín quería ser uniformado, pero este sueño se vio frustrado por una lesión que le impidió completar el Servicio Militar. Por eso aceptó el trabajo, dice Ingrid, porque se parecía a lo que él soñaba ser y porque podía trabajar al aire libre, lo que le acomodaba a su personalidad inquieta.

El día en que Benjamín le contó a sus padres que trabajaría para una empresa de seguridad en faenas forestales –dos meses antes de su muerte-, se asustaron. Todos los días las noticias hablan de incendios, atentados, corte de rutas. Pero Benjamín los tranquilizó; les dijo que sabía que en la zona había robo de madera, pero que en el lugar donde lo destinarían, no correría peligro.

“Hasta el día de hoy no tenemos información alguna, solo quedaron casquillos en el área. Nos destrozaron la vida y no sabemos por qué”, dice Ingrid mientras seca las lágrimas de su cara. “Igualmente, damos gracias. Gracias porque al menos dejaron su cuerpo ahí y pudimos velarlo y enterrarlo. Tenemos dónde ir a llorarlo”, dice.

Ella teme por sus dos hijos menores. Cuenta que cuando piensa en que deben estudiar, en que deben viajar por la región, se asusta. Que no sabe realmente cuál es el motor de tanta violencia, pero que, asegura, no es solamente la causa mapuche.

“Hay dos cosas que son distintas: la causa mapuche y el terrorismo. Esto es algo muy organizado. Tenemos certeza de eso. Conocemos a muchos mapuche que no se meten en nada. Yo estudié con muchos compañeros mapuche, tengo amigos. Y esto no es esta causa, son organizaciones que se hacen pasar por la causa. Le pido a la gente que se humanice. A nadie le importa el prójimo. No se tiene corazón, llegan y matan con frialdad. ¿Cómo va a ser así un país? A la Araucanía nadie quiere venir ni invertir. Aquí se siembra harto el trigo y los agricultores ya no lo están haciendo por miedo a la quema de sus productos. ¿A qué va esta violencia?”.