Hugo Redel

La alerta de los agricultores de Máfil

Hugo Redel, la alerta de los agricultores de Máfil

Hugo Redel ha sido agricultor por más de 40 años de manera ininterrumpida. Hasta ahora. A sus casi 75 años, tuvo que dejar la actividad a cargo de su hija por primera vez. Los ataques recibidos, las amenazas constantes, mellaron su carácter.

Se le ve cansado. Duro, estoico, pero abatido. Sus palabras denotan una frustración difícil de relatar. Nunca imaginó estar viviendo esta situación porque, como él recuerda, nació rodeado de comunidades mapuche con las cuales tenía una buena relación.

Es de frases cortas, como “las personas son buenas hasta que no lo son”. Se ve un hombre práctico, no anda con rodeos.

Hugo estudió en la Escuela Agrícola de Traiguén. Después se especializó en la administración de un molino de trigo y luego se independizó como agricultor. Su primer campo, el que logró comprar siendo aún joven, está actualmente tomado por una comunidad vecina.

“Es complicado vivirlo porque se supone que uno se interna en este tipo de actividad y cree que, de alguna manera, el Estado le debe la seguridad o, al menos, el mantener la seguridad y eso no es tal. No han sido capaces de mantener el orden y han fallado”, dice.

Logró construir su futuro y compró dos campos para trabajarlos. Produce cereales, carne y leche desde hace cuarenta años. Lamentablemente, hoy no puede entrar a esos terrenos sin Carabineros. Y cuando lo hace, los atacan. “Tuve un poquito de mala suerte porque mi vecino vendió su campo a Conadi, quien trajo a comunidades mapuches de Loncoche. Nadie podía pensar que en algún momento ellos iban a querer apoderarse de tierras ajenas. Había buena relación, pero en los últimos años siempre trataban de meter ganado al campo, especialmente ovejas, chanchos. Y el 2020, a un empleado que fue a reclamarles por los animales, le dijeron que no tenía nada que reclamar y que me llamaran a mí para quitarme la camioneta “estos campos los vamos a tomar todos aquí y usted quédese calladito no más”, le respondieron. Fue pasando el tiempo, denuncié, pero nadie me creyó”.

Dice sentir impotencia, sentir que la autoridad no hace la pega y está convencido de que hay mapuches que no están de acuerdo con lo que le pasa a él y a su zona. Pero sabe que viven bajo presión, quizás la misma que vive él y su familia.