Carmen Roa

“No se olvida, se aprende a vivir”

Carmen Roa a diez años del crimen de su marido: “No se olvida, se aprende a vivir”.

Carmen Roa muestra la última foto de su marido, Héctor Gallardo Aillapán y respira. Pareciera ser que aún no lo asimila. Han pasado 10 años. En un par de semanas más, se cumplen diez años.

En la zona de Cherquenco, en la comuna de Ercilla, Gallardo fue asesinado tras acudir en ayuda de su hermano que estaba siendo asaltado. Le pidieron plata y, al no tenerla, lo mataron. Gallardo fue candidato a concejal y toda su vida convivió con mapuches. Hasta el día en que mataron al sargento segundo Hugo Albornoz. Ese día, mientras se allanaba la comunidad Wente Winkul Mapu, intentó impedir que cortaran los árboles de su predio y fue amenazado.

Carmen, viuda y madre de sus cuatro hijos, mira un álbum con recortes de prensa de la época. “Cuando miro esa foto, me vuelven los recuerdos. Y es extraño, es como si no lo hubiera vivido. Nosotros éramos, como matrimonio, muy felices. Mis hijos siguieron educándose y no se vengaron. Pero opté por salir del lugar porque estábamos perseguidos y, si me asesinaban a mí, mis hijos quedarían desvalidos. Empezamos a programar una salida del lugar por seguridad. Lo más trágico es que me quedé sola con cuatro niños, el mayor de 22 y el menor de 2. No podía dedicarme a llorar ni tener tristeza. Esos momentos los vivía en la ducha. No sabía si me bañaba con lágrimas o con agua”, cuenta Carmen, quien rompe el silencio diez años después.

Gallardo murió el 1 de septiembre de 2012. Desde ese día, su familia contó resguardo policial. Carmen se cuestiona. Cuenta que los tres acusados del homicidio de su marido eran conocidos y que incluso a la madre de uno de ellos, le brindaba ayuda. Porque, aunque eran una familia sin holguras, podían ayudar. Le duele pensar en lo que han vivido como familia y lo que pasa en su región.

“Lo que estamos viviendo no es justo. Nosotros estamos pagando por algo que el Estado no supo solucionar en su momento. Yo sé que, según la historia, hubo abusos. Pero nosotros no somos los culpables de eso. Nuestras tierras no se pueden vender ya que todo está tomado. Las han quemado muchas veces y yo sigo pagando contribuciones. No estoy de acuerdo con que a los pequeños agricultores nos afecten de esta forma”, agrega.

Dice saber qué quieren los terroristas. Y es que se vayan las familias, dejen sus campos y que ellos tomen todo lo que antes otros construyeron. “No dejaré de luchar. Porque no se olvida, se aprende a vivir”, termina.